Un lanzamiento es una manifestación de fuerza indiscutible[1].
El tiro de barra hace referencia al lanzamiento de un objeto metálico de forma alargada y cónica con el objetivo de lanzarlo lo más lejos posible, que cuenta con cierta tradición en diversos lugares de la geografía nacional.
Son diversos los autores los que hacen referencia a esta actividad a lo largo de la propia Historia y en particular de la de España.
Esta actividad, considerada como juego (juego de la barra), alcanza la determinación como actividad deportiva en el momento en el que se establece un reglamento (reglamentación y estandarización) y la aparición de las federaciones deportivas encargadas de su reglamentación, gestión y establecimiento de un calendario oficial de competiciones, junto con la aparición
En el caso de Aragón, es la única comunidad autónoma que ha llegado a esta determinación del lanzamiento de barra como deporte federado, denominándose, a través de su reglamentación y existencia de la Federación Aragonesa de Deportes Tradicionales (1982), lanzamiento o tiro de barra aragonesa aunque ya contaba con una reglamentación específica desde mediados los años 30.
Breve reseña histórica.
En Aragón, el tiro de barra ha sido una actividad muy practicada. Al menos existe constancia documentada desde 1450, donde se encuentra la primera referencia sobre el “tiro de barra en Aragón”[i][2]. Luis Gracia Vicien determina que, “de todos los juegos tradicionales aragoneses, […] es sin lugar a dudas, el más genuino, representativo y bello”[3].
Se trata de una actividad física de práctica y origen eminentemente rural o ligada a las actividades propias del medio rural, practicada principalmente por los hombres que desarrollaban su actividad laboral en el campo o relacionadas con la actividad agrícola, dado que se estima su origen en las propias faenas del campo y una demostración de fuerza de quienes se enfrentaban.
La práctica como juego, solía centrarse en momentos de esparcimiento y descanso del trabajo, los domingos y los días de fiesta, principalmente en las plazas de los pueblos y en las eras.
Los lanzadores no tenían una técnica adquirida con un entrenamiento metódico, si no que era adquirido por la práctica y repetición y el propio trabajo físico en el campo.
El material utilizado, la barra o barrón, también se determina que tiene su origen en el trabajo en el campo. Aunque no se puede determinar el origen de la actual barra tal y como la conocemos hoy, se establece que se trata de la pieza existente en el arado romano denominada como reja, que fue lo primero que se utilizó. También se utilizaban barrones que se usaban como palanca para arrancar piedras en las canteras o para mover piedras de moler en los molinos de harina.
Los pesos de estos barrones solían oscilar entre los 3 y los 12 kilos y sus medias y longitudes era muy variables.
En su origen, el tiro de barra aragonesa, no tuvo una reglamentación uniforme, pero si unas reglas establecidas, como la de no superar la línea trazada en el suelo y que se determinada como zona de lanzamiento y que la barra marcara o cayera con la punta.
Así, el tiro o lanzamiento de barra aragonesa puede considerarse como el rey de los juegos aragoneses el cual ha mantenido siempre un vínculo especialmente dentro de las expresiones lúdicas del mundo rural aragonés menos habituado a momentos de ocio y esparcimiento y dónde la manifestación y demostración de la fuerza era un signo de diferenciación y símbolo de destreza para las tareas más arduas, base de los trabajos de la época.
El origen de la barra y su lanzamiento.
Se desconoce el origen real. Diversos autores afirman que es un deporte genuinamente español al no existir ninguna otra referencia a un juego de estas características en ningún otro país.
Algunos investigadores atestiguan que pudo existir en la Grecia antigua, así como en la antigua Roma un ejercicio similar (que puede tener sus antecedentes en el vectis (palanca de hierro) y en la lingulata (de madera, con una punta de hierro en uno de sus extremos).
Algún vestigio residual en la zona del país vasco francés fundamenta a que se trata de un juego español, con referencias en Asturias, Cantabria, País Vasco (con dos modalidades, makila y barra vasca), o Castilla La Mancha con la barra castellana donde prácticamente es en la provincia de Cuenca donde todavía se conserva a día de hoy.
Existió la denominación de “barra española” al hacer referencia a la “barra vasca”, la cual incluso llegó a formar parte de los concursos de la Federación Española de Atletismo, entre los años 30 y 60 del pasado siglo y con cuya técnica de lanzamiento, traspasada a la jabalina, permitió batir el récord del mundo de esta especialidad tanto por Miguel de la Cuadra Salcedo como por su precursor Felix Erausquin.
Aunque desconocemos el origen de este lanzamiento, existen numerosas referencias en obras de la literatura española, como en el ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, en varios pasajes referidos tanto a Dulcinea como con Basilio, e incluso en la Celestina, lo que demuestra de su impronta en la cultura y tradiciones populares del momento.
Ya el diccionario de Covarrubias, hace referencia en su acepción a la barra como una “pértiga de hierro […], suele tirar con ellas”. Y es que durante el S.XVI son varios los autores que escriben sobre los orígenes del deporte, nombrándose términos como gimnasia o educación física y que recogen el tiro de barra como una de las actividades físicas saludables; Salto, Carrera, esgrima, natación, equitación, juegos de pelota, barra y birlos (bolos), entre los que destacan algunos autores como Melchor de Jovellanos o Cristóbal Méndez.
“Las luchas, el juego de pelota, el lanzamiento de barra, el lanzamiento de bolos, las carreras pedestres, los saltos, la tracción de cuerda o el levantamiento de pesos, convocaron el fervor placentero de numerosos retos en las celebraciones festivas”. Así lo describieron algunas de las más representativas autoridades de finales de la Ilustración como el polígrafo barcelonés Antonio Capmany –Diputado en las Cortes de Cádiz– o Gaspar Melchor de Jovellanos, que además indicaron el valor educativo de estas prácticas recreativas en las clases populares –campesinas, artesanas o comerciantes–, que hoy podemos validar como los antecedentes o preámbulos deportivos.
Pedro Rodríguez Campomanes (1723-1802), en su Discurso sobre la educación de los artesanos (1775), menciona “Estas pueden muy bien tenerse en las tardes de los días festivos con el juego de pelota, de bolos, de bochas, de trucos, tiro de barra ó esgrima. Estos juegos ejercitan las fuerzas corporales, y son útiles a la salud, e inocentes en sí mismos; cuidando la policía de su buen arreglo”.
También existen algunos personajes ilustres que lo han practicado en algún momento como:
• Santiago Ramón y Cajal, premio Nobel de medicina:
Al joven Cajal le gustó el deporte, en especial la gimnasia. Una ocasión fue en Valpalmas, uno de los pueblos donde había estado de niño, donde acudió a hacer unos encargos de su padre y fue invitado a las fiestas: «Conforme a la usanza general de Aragón, los festejos proyectados consistían en carreras a pie y en sacos, cucañas, funciones de pichulines (saltimbanquis), juegos de la barra y de pelota, etc.». Impulsado por su interés por los deportes, en uno de esos días festivos se acercó como espectador a ver el «airoso y viril juego de la barra, celebrado al socaire del alto muro de la iglesia».
Cuando más animado estaba el espectáculo, uno de los acompañantes le dijo:
– Estos no son juegos pa señoritos… Pa ustedes el dominó, el billar, ¡y gracias!…
– Está usted equivocado -le respondí-. Hay señoritos aficionados a los ejercicios de fuerza y que podrían, con algo de práctica, luchar dignamente con ustedes.
– ¡Bah! -continuó el socarrón-. Pa manejar la barra son menester manos menos finas que las de su mercé. La juerza se tiene manejando la azada y dándole a la dalla.
Y cogiendo el pesado hierro me lo puso en las manos, diciendo: «¡Amos a ver que tal se porta el pijaito!…».
Picado en lo más vivo, empuñé enérgicamente la poderosa barra, me puse en postura y haciendo supremo esfuerzo lancé el proyectil al espacio. ¡Sorpresa general de los matracos! Contra lo que se esperaba, mi tiro sobrepujó a los más largos.
- El Padre José de Calasanz, fundador Escolapios, tiene un episodio relacionado con el tiro de barra cuando En otra ocasión pasaba por unos caminos a las afueras de Tremp cuando vio a un grupo de sacerdotes que pasaban el rato ejercitándose en el lanzamiento de una barra de hierro. Al verlos, nuestro P. José se acercó y les pidió que le dejasen participar. Así que cogió la barra, hizo un ademán atlético de fuerza, y lanzó la barra a una distancia que nadie de ellos pudo mejorar. Les invitó además a que no malgastasen el tiempo, y a que fueran sacerdotes dedicados a la oración y al servicio de los demás.
- El pintoresco párroco del Pirineo mosén Bruno Fierro se dice que fue jugador de pelota y tirador de barra.
• Incluso el rey Carlos IV fue un ávido tirador de barra, tal y como se recogió Heraldo de Aragón en un artículo, publicado en 1902.
En 1802, durante el viaje que el rey Carlos IV y su familia realizó desde Madrid a Barcelona, con objeto de esperar y recibir en la ciudad condal a la infanta María Antonia de Nápoles, la que sería primera mujer del príncipe de Asturias. Los regios viajeros se hallaban descansando en Villafranca de Ebro, cuando el monarca preguntó al alcalde: ¿Hay en la localidad quien tire algo a la barra? Ya que al parecer Carlos IV era muy aficionado a esta clase de ejercicio.
El “Tío Santas” se presentó con respetuoso temor a Carlos IV, pero muy pronto se despejaron sus recelos. El rey no se entretuvo en pláticas y fue directo al asunto que le interesaba.
-Señor, hay uno que lleva fama de gran tirador por toda esta ribera; pero está en la cárcel, donde lo metí hace cuatro días –le respondió el regidor.
-Que siga extinguiendo su condena; no es cosa de deshacer por un capricho mío lo que ha hecho el representante de mi autoridad.
-No está preso por ninguna cosa fea; sino que tuvo un ligero altercado el otro día, y yo, para evitar una sangrienta riña, lo puse a buen recaudo.
-Si no es más que eso, marcha a ponerlo en libertad, y tráelo pronto a mi presencia.
-Me han dicho que tiras mucho y bien a la barra.
-Un poco, señor…
-Pues ahora mismo vamos a probarnos las fuerzas yo y tú.
Tiró primero el rey, repitiendo varios tiros. El “Tío Santas”, alardeando de gran tino y destreza, lanzaba la barra un palmo o dos más cortos que los respectivos de su regio contrincante.
El rey se dio cuenta y ordenó a su rival que demostrara todas sus cualidades.
-Veo que no sacas todas tus habilidades. Tira sin reparo, como si tiraras con un amigo tuyo.
El “Tío Santas”, ya sin reparos y con absoluta confianza, le dijo:
-Pues ponga su rial majestad en el punto que señale el lanzamiento más largo que ha hecho, y yo pasaré la barra por encima de su rial cabeza.
Carlos IV ya no dudaba de que el “Santas” fuera capaz de acometer esa gran proeza, pero tampoco había que excederse en temeridades.
-Eso sería una imprudencia. Plantaremos una caña tan larga como mi estatura y el resultado será el mismo.
El “Tío Santas” arrojó de sus brazos con tanto brío el barrón, que éste saltó con holgura por encima de la enhiesta caña.
Las dudas del rey pronto quedaron despejadas y, como se puede suponer, el de Fuentes ya no volvió a la cárcel.
[…]
En arte plástico como el dibujo o la pintura, también tenemos algunos referentes, como Valeriano Bécquer, hermano del famoso escritor Gustavo Adolfo Bécquer, que lo recogió en un cuadro costumbrista (1865) durante su estancia en la zona del Moncayo siendo la principal (aunque no la única) en este sentido.
El lanzamiento de barra aragonesa como deporte.
Debido a la popularización de este juego y la aparición de contendientes que se medían y retaban en diferentes “tiradas”, se organizan para lograr una estandarización tanto del material como de la zona de lanzamiento.
Es en 1957 cuando se fija la longitud de la barra en 81 centímetros y el peso en 7 kilos 257 gramos, que corresponde al peso de la bola del lanzamiento de peso olímpico y del martillo.
La creación de la Federación Aragonesa de Deportes Tradicionales (1982) permitió dar un fuerte impulso a la estandarización y práctica de esta actividad como deporte, organizándose competiciones oficiales.
Su clasificación.
Los juegos están sujetos a diversos tipos de clasificaciones en función del autor.
En su clasificación praxiológica (CAI[4]), el tiro de barra es un juego o situación psicomotriz individual sin incertidumbre en el medio físico en el que realiza (al desarrollarse en un campo reglamentado) y sin interacción con compañeros ni adversarios. Juego, actualmente deportivizado, competitivo[5], de fuerza[6] (fuerza explosiva, ya que la aplicación de la fuerza dura escasamente unos pocos segundos) y de lanzamiento[7], considerado originario del género masculino, que actualmente se encuentra totalmente normalizado con la participación de la mujer con materiales adaptados como ocurre con cualquier otra disciplina atlética.
Principio general.
El objetivo es que el lanzador tire o lance la barra lo más lejos posible, manteniendo los pies en una posición estática en la zona de lanzamiento donde la barra no podrá dar ningún giro en su trayectoria y será la punta de ésta, la que deber tocar primero en el suelo para ser considerado como válido.
Ver artículo 5 del reglamento.
La técnica, el giro que se realiza con el lanzamiento, tiene mucha similitud a la acción de segar con guadaña, ya que la barra no se tira como una jabalina por encima del hombro, ni por debajo las piernas, ni con las dos manos, un hecho más que posiciona a los propios segadores – labradores como gremio originario.
[1] Doncel Recas, Lucio (2010). Deportes tradicionales de fuerza en España. Visión Libros.
[2] Doncel Recas, Lucio (2010). Deportes tradicionales de fuerza en España. Visión Libros.
[3] Gracia Vicien, Luis (1991). Juegos Aragoneses. Historia y Tradiciones. Mira editores S.A.
[4] Parlebas, 1987
[5] Callois, 1958
[6] García Serrano, 1974
[7] Moreno Palos, 1992
Reglamento.
Reglamento tiro de barra aragonesa. (Aprobado en asamblea. Enero 2025)
Mejores registros de Tiro de Barra Aragonesa.
